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“Con la cantidad de colonia que he bebido a lo largo de mi vida, me enfada que ahora todas las marcas saquen ginebras alucinantes. Me paso al Bourbon“. Esta frase, repetida por un amigo hasta la saciedad con un único espíritu, el de alejarse de todo aquello que no te convierta en único e irrepetible, no es un mal punto de partida para analizar las bondades y tonterías del ‘trendy’ y ‘cool’ gin-tonic. Vayamos por puntos.

1) Algunos ‘cool-hunters’ o detectadores de tendencias apuntan a que en unos cuantos meses va a ser el vodka el que mueva el mundo. Yo bebo gin-tonic desde mucho antes de la moda y, mucho después de la moda, seguiré en ello.

2) Elegir la ginebra: Hay tantas opciones como el bolsillo y las preferencias gustativas dicten. Yo distingo las ginebras en tres gamas. Las que van de 10 a 20 euros; las que oscilan entre 20 y 30, y las más caras. Evidentemente, las que no llegan a los citados 10 euros son excelentes para desinfectar heridas o abrillantar algún enser doméstico. Por mojarme un poco, os revelaré que, para mí, la mejor calidad-precio la tiene la tradicional Seagrams (unos 14 euros), ginebra clásica y seca.

En este primer escalón es posible encontrar dos ginebras patrias, una destilada por Anís de Ronda, creo que se llamaba 1895 y no está mal y la K-25, destilada en Vitoria, ésta bastante buena.

En el segundo escalón, por debajo de 30 euros, existe una amplia gama de destilados fantásticos. Algunos de mis favoritos son Martin Miller’s, London o Mombasa (les faltan 5 céntimos para no subir de categoría).

En el tercero los precios oscilan mucho. Hay ginebras que, en semanas se abaratan diez euros. Parece que aquí también mandan los mercados y las agencias de calificación. Ginebras excelentes son Gin Mare, G’Vine (en sus dos versiones), -Ish, Magellan, Fifty-Pounds, Geranium, Xoriguer, Citadelle (en sus dos versiones), Brécon…

3) Elegir la tónica. Lo primero que hay que saber es que tengo serias dudas sobre la constitucionalidad de Nordic Mist, así que, si os interesa lo que estoy escribiendo, no volváis a pronunciar su nombre más. Existen tónicas de gran calidad como la Fever-Tree (sin duda, mi favorita), la Q, la Fentimans… Pero tanto la Blue Tonic de KAS como la Schweppes de toda la vida son más que adecuadas para un buen combinado.

4) Dicho lo cual, lo siguiente es seleccionar el vaso. Sin duda, copa de balón o, en su defecto, vaso ancho grande (el vaso de tubo lo dejamos mejor para el Gordon’s-Cola en la plaza del pueblo o el bar del barrio).

5) Llenarlo generosamente de hielo (cuatro o cinco bloquecitos) y remover con una cucharilla metálica hasta que se empañe la copa un poco. Esto permite mantener frío el gin, algo clave en esta bebida, y por más tiempo. Es muy importante coger luego la copa por el lado fino. Nada de agarrarla con las dos manos como si estuviérais tomando un Cola-Cao en Sierra Nevada. No habéis enfriado la copa para calentarla con las manos.

6) Servir la ginebra. Hay botellas que ya vienen con tapón-dosificador. Si no, aproximadamente la copa tiene que tener un cuarto de ginebra o 7 centilitros. Un truco bueno es contar ‘1001, 1002, 1003’ desde cierta altura.

7) ‘Aliñar’ el gin-tonic. Este punto requiere de un capítulo específico. Eso sí, hay unas cuantas cosas que se deben dejar claras. De entrada, un combinado no es un huerto, así que no echéis cosas indiscriminadamente. Suele ayudar bastante leer los ingredientes de destilación de la ginebra. Es más, eso impide echarle pepino a todo (el pepino sólo va con la Hendricks, que para eso es la única que se destila con esta hortaliza). Por lo tanto, si en la botella pone canela, pega un toque de canela; si pone limón, limón, etc. El enebro está presente en el 99% de las ginebras y unas bolitas van muy bien para potenciar el sabor.

Otra cosa que hay que evitar es exprimir nada (mata el gas y eso no nos interesa), así que, cuando uséis limón, lima o naranja, sólo la piel (con la misma piel se puede frotar el borde de la copa).

Por último, hay que tener en cuenta que nada de lo que añadamos a la copa puede sustituir el sabor de la ginebra. Por lo tanto, moderación.

8) Servir la tónica. Como nos interesa mantener el gas (preservar el carbónico para los más ‘cool’), hay que evitar servirla desde muy arriba (así pierden el 60 ó 70% de las burbujas). Uno creía que la cuchara jónica ésa de espiral sólo formaba parte del espectáculo, pero no. Ayuda mucho a tener una copa viva. En su defecto, sirve la técnica de echar la tónica inclinando la copa, como si fuera cerveza.

9) Mover la copa de forma casi imperceptible para mezclar o bien, con la cuchara un ligero toque. Todo lo demás es quitar gas. Tampoco metáis pajitas, ni artilugios de colores para remover de ésos que dan en las coctelerías.

9) Y nada, a disfrutar de esta bebida fresca, con infinidad de matices y combinaciones y que, por su menor contenido en azúcar que otros destilados, sienta mejor. Eso sí, acordaos que el gin-tonic perfecto no está sólo en una receta perfecta, sino en la más perfecta de las compañías.

PD: Si queréis poneros ciegos como piojos acudid a las ginebras de toda la vida (Tanqueray y Saphire son las mejores para mí).

PD2: Si queréis hacer estos gin-tonics en casa, la copa os va a salir entre 3,5 y 5 euros, según la tónica y ginebra que elijáis.

PD3: Los mejores gin-tonics en relación calidad precio del Centro de Málaga los ponen en el Café Negro, entre 6,5 y 9 euros (teniendo en cuenta que un garrafón en vaso de tubo y sin aderezo cuesta ya más de 7 euros en un bar de copas cualquiera),

PD4: Seguiré desarrollando.

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