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La voracidad del tiempo ha engullido sin contemplaciones un año. Tan sólo un año y el mundo es sin duda un lugar peor. Sí, amigo, la inercia aplastante de una crisis económica que ha causado estragos en un organismo con las defensas moribundas por mor de un déficit de valores estructural nos ha llevado al abismo. Trotamos como rebaños de reses por la estepa nevada, confundidos, temblorosos, faltos de referentes, siguiendo a una secta de pastores que nos guían hacia la gran caída libre.

Uno no se libra de la zozobra general, pero tiene la suerte de haberte mantenido con vida todos y cada uno de los días desde aquel miserable 30 de septiembre de 2011. Querido Manolo, te fuiste pronto y de manera injusta. Te fuiste cuando tenías tres vidas por vivir. Tenías la tuya propia, más estable y feliz que nunca. Tenías la de tu maravillosa Carmen. Y tenías la de Carmen Manuela, la preciosa niña que hace meses que tienes entre nosotros. Todos las vigilamos de cerca.

He mencionado la carestía de referentes. Tú eres uno de los más vivos que tengo. Gracias a ti he disipado mis peores fantasmas. He visto que los tópicos sobre la existencia son ciertos. Todos conocemos los tópicos, pero siempre creemos que son para los demás. No, amigo, los tópicos son para todos y es necesario vivir al lado de quienes te quieren y aprecian y no desperdiciar ni un instante con pensamientos negativos, hipótesis, condicionales y personas que no merecen la pena.

Hace un año que, en plena noche, nos reunimos en mi terraza amigos como Lillo, Cano o Raquel. Bebimos tu pérdida juntos, recordándote y buscando más la anécdota simpática que la pregunta demoledora. Dos noches te velamos en torno a nuestras copas de balón y a la necesidad de compartirte, de hablar de ti. Pero fueron muchas más las noches que introducíamos nuestras contraseñas de Facebook esperando a entrar en tu página y empezar nuestra quijotesca lucha en un intento de no dejarte ir. Compartimos fotos, comentarios. Queríamos tenerte entre nosotros un minuto más. La muerte virtual se antoja imposible. E imposible es. Como tu olvido.

Poco a poco te dejamos marchar y nos desprendimos de los porqués para pasar a atesorarte. Hablo en primera persona del plural porque conozco mucha gente que ha ido quemando las mismas etapas que yo. No ha habido un solo día en que no nos hayamos acordado de ti, amigo Manolo.

Ha pasado un año en el que se ha inaugurado la segunda ronda, la segunda pista del Aeropuerto. Un año en el que el metro es un proyecto empantanado y sumido en cada vez más dudas. Un año en el que sigues sin campo de rugby en tu honor (no nos olvidamos) y en el que tu Málaga ha hecho cosas muy grandes. Y un año en el que la profesión, tu querida y bendita profesión, está con respiración asistida.

Por circunstancias que no merece la pena mencionar, me he visto obligado a actualizar mi currículum en los últimos días. Y he vuelto a constatar todo lo que te debo, querido Manolo. Me enseñaste a competir con mucha dureza por ser el primero en dar la noticia, a placar duro al rival, a tener que esforzarme un 120% para conseguir enviarte mensajes al móvil avisándote de que al día siguiente “te ibas a cagar con lo que publicaba”. Tú hacías lo mismo. Pero siempre nos quedaba ese tercer tiempo tan reconocido en el mundo del rugby. Porque era el rugby el que te definía como profesional implacable, rápido, fuerte y noble, como más de una vez comenté con otro que se tuvo que medir contigo, Javier Gómez.

He revisado documentos. He visto ese informe de infraestructuras para el Plan Madeca que hicimos juntos atrincherados en tu casa de la Cala. Tú no lo pudiste firmar por cuestiones que no vienen ahora al caso, pero lo hicimos a medias, entre café y café en Los Marines. Al igual que aquel día que compartimos ponencias en unas jornadas técnicas sobre el Plan de Cuenca. Tan técnicas y teóricas fueron aquellas jornadas que aquel plan sigue siendo hoy la misma farsa que entonces, pero nadie nos puede quitar nuestra afición por los hectómetros cúbicos y las alturas de los cuerpos de presas.

Brindo hoy por ti, amigo. Brindo porque tu ausencia me ha unido aún más a gente a la que ya lo estaba. Brindo porque sigues siendo un generador de unanimidad. Brindo por tu premio Andalucía y por tu pequeña. Y brindo porque nos has enseñado a todos muchas cosas y porque eres la baliza luminosa que nunca se apaga.

Amigo Manolo, todo esto lo sabes porque a buen seguro que puedes leerme el pensamiento, pero, al igual que hice ahora hace justo un año (http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2011/10/01/fallece-periodista-manuel-becerra/453941.html), he querido sentarme ante el folio en blanco para fijar más si cabe tu recuerdo a mi mente, a mi corazón. Puede que sea un gesto egoísta hacer esto, pero tengo la necesidad de hacerlo.

Un abrazo infinito, tío grande.

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