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El potencial evocador de las novelas de Carlos Sisí convierte su lectura en un ejercicio cinematográfico a través de las páginas de un libro. Sí, quizás no sea su voluntad directa (acaso, ni la más remota), pero este madrileño afincado en la luminosa Cala de Mijas propone juegos continuos al lector. En uno de estos ejercicios lúdicos, uno no puede evitar ejercer de director audiovisual imaginando los escenarios, el despliegue de efectos, vestuarios… que serían necesarios para una superproducción. El otro ejercicio es de la pura empatía, el de la constante reflexión sobre las formas de huir del desastre y, en definitiva, la estrategia para enfrentarse al mismísimo apocalipsis en tu propia ciudad. Una puesta en el lugar de los protagonistas en toda regla.

Tanto la saga de Los Caminantes (de gran reconocimiento y basada en un virus que convierte en zombies a quienes fallecen) como Portada de la novela La Hora del Marson relatos trepidantes con una prevalencia toponímica abrumadora de Málaga, lo que redunda en el citado ejercicio cinematográfico. En la Hora del Mar, los ingredientes son similares, si bien el autor opta por dispersar algo más los escenarios y crea hasta media docena de buenas tramas paralelas en principio y confluyentes cuando la historia así lo exige.

En la Hora del Mar, Sisí nos transmite la evolución por tierra de miles de criaturas gigantescas con características biológicas (al menos morfológicas y anatómicas) similares a las de los crustáceos, pero que brotan de las profundidades abisales. Parecen haber dado un paso evolutivo muy superior al imaginable al tiempo que avasallan con un poder armamentístico y de resistencia fuera de cualquier tipo de previsión. El devenir de los acontecimientos crea una confusión adictiva para el lector desde el arranque de la novela, en el momento en el que millones de peces muertos comienzan a emerger de los fondos marinos y comienza una sucesión insoportable de luces, zumbidos, seísmos y tsunamis…

La situación es de emergencia mundial y, parafraseando a aquel anunció sobre las tallas mínimas de los peces, el mar parece habernos devuelto el golpe de tanto daño ecológico. Los personajes que se enfrentan desde diversas perspectivas y enfoques a esta situación van desde lo militar, a lo científico, a pobres enfermos mentales con una vida que casi dan por perdida, pasando por sanitarios o jubilados. La sociedad en su conjunto se ve abocada a un final cierto ante el que se tienen muchas más preguntas que respuestas.

Si bien en las tres entregas de Los Caminantes el dibujo y perfil de los personajes se antojaba un tanto débil, en esta ocasión el novelista logra adentrarnos con más eficacia en su contexto interior y exterior, logra un mayor grado de apertura. De hecho, no resulta tan evidente hablar de un solo protagonista y sí de varios coprotagonistas (Thadeus, el biólogo marino; Jonás, el enfermo mental al que guía en su huida a ninguna parte un tal Merardo; la propia Marianne, otra científica marina; Pichou, un experto francés en situaciones complejas; Koldo, un psicópata que sueña con encuentros con extraterrestres…) y un buen puñado de deuteragonistas o secundarios que representan papeles relevantes (el general Abras, militares americanos como Helm o Sapkowski; Allan, el técnico informático; un jubilado inglés…)

La mejora estilística del autor es apreciable desde aquella (ya parece que lejana) entrega de Los Caminantes. En esta novela, Sisí evita repeticiones y opta por frases sencillas de cuidada sucesión que nos sumergen en un mundo en el que se entremezclan con mucho tino campos tan dispares como el militar, el científico, el de la enfermedad mental, el esotérico o paranormal…

Enfrentarse a este libro en la desoladora coyuntura actual confiere al paladeo de la novela un sabor especial. Sin lugar a dudas, la Hora del Mar entusiasmará a quienes disfrutaron con la trilogía de Los Caminantes, cuya lectura no es en absoluto imprescindible, dado de que se trata de libros completamente distintos. Muy recomendable para quien se quiera dejar conducir y, sobre todo, pasar ratos impagables de inmersión lectora.

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