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Siempre he querido comenzar un artículo con la muletilla “por circunstancias que no vienen al caso”. Así que, por circunstancias que no vienen al caso, estoy en la tesitura de verme arrojado al destierro del desempleo por primera vez. El periodismo y, sobre todo, las relaciones e intensidad laboral que propician, es un oxidante tenaz. Un año de periodismo intenso podría equivaler en vivencias y desgaste al triple o más en otras muchas profesiones. Así que me veo con la maleta llena de experiencia y de trayectoria profesional, pero sin ninguna certeza de saber en qué andén debo sentarme a esperar el tren. Por ahora, no es momento de salir con la maleta a cuestas. Pero, quién sabe…

Así que, tras un tiempo de reseteo y de esparcir dudas sobre el tapete, llego a muchas conclusiones circulares. Sí, a respuestas que me llevan a hacerme otras preguntas. Todo confluye. Son tiempos en los que uno analiza cómo ha llegado hasta aquí y se acuerda del árbol genealógico de quienes explican la crisis con la no poco irritante coletilla que hace alusión a vivir por encima de nuestras posibilidades.

Yo siempre supe, sin haber estudiado un postgrado económico, que la hipoteca no debe superar el 30-35% de los ingresos familiares; aposté por casa no muy grande y por coche pequeño, y no me generé obligaciones financieras y sí me permití algunos caprichos concretos y perfectamente evitables en caso de necesidad (salidas, cenas, gastronomía, algún viaje…) Así que, al próximo que me suelte lo de mis posibilidades, le atizo hasta dejarlo clavado en el suelo, como en los dibujos animados.

Tampoco gané nunca lo que se dice una pasta. En general, en este país, el ingeniero de nuestras lustrosas tecnópolis ha sido siempre, con suerte, mileurista mientras que, en los buenos tiempos, en los tajos este salario se multiplicaba tranquilamente por tres o por cuatro (chapuzas en ‘B’) aparte. Ahora, la cosa es diferente. No hay trabajo en la obra y muchos de aquellos ‘rápidos triunfadores’ se ven sin estudios y sin ingresos. Y el ingeniero mileurista ahora o no tiene trabajo o es ochocientoseurista con suerte.

No hemos llegado hasta aquí sólo por uno u otro gobierno. No sólo. Ni por mor de esta crisis que cada vez estoy más convencido de que está creada por menos de una decena de altísimos poderes financieros que se divierten viendo en sus pantallas lo que están haciendo con todos nosotros. Son un puñado de malnacidos que se forran a espuertas en sus despachos mientras juegan con su simulador. Pero decía que la crisis, integral y estructural, obedece a muchos factores. Por ejemplo, también hemos llegado hasta aquí porque somos una sociedad tramposa y poco competitiva. Y también tenemos políticos tramposos y poco competitivos porque no vienen de Marte. No, los políticos salen de entre nosotros.

Uno se entrega cada día al proceso de enviar correos, llamar a contactos y escudriñar webs en las que te prometen mejores resultados si te dejas la pasta para que se te vea. Eso dicen. Otra trampa. La enésima. Uno observa que se piden enfermeras de Cuidados Intensivos por 15.000 euros brutos al año y jornada completa; contiene las arcadas al ver cómo se quieren cubrir puestos de ¿comunicación? con el Bachiller como requisito; se abusa de los 26 años como tope de edad para explotar al personal a base de bien… La enumeración podría continuar ‘ad finitum’ y hastiar hasta al más paciente de los lectores.

Vuelvo a caminar en círculos para llegar siempre a la misma conclusión: Tenemos una base social tan ampliamente instalada en la trampa, en el pirateo, en la poca valoración de lo profesional que tengo serias dudas de que se pueda volver a recuperar una clase media en condiciones que reactive el consumo. En este país, la recompensa por el trabajo bien hecho ha sido y será siempre más trabajo bien hecho. Y, mientras tanto, los fisios que aquí cobran 800 netos por estar jornadas completas en piscinas con grandes discapacitados, se van a Francia a trabajar en la sanidad pública por cerca de 3.000 al mes.

Es éste, sin duda, un artículo inconcluso, dúctil y maleable. Pero al menos vacía parte de los residuos que hoy llevaba encima. O, quizás no. Terminando de escribir me encuentro con la quincuagésima e irritante montorada sobre los salarios…

CODA: El dinero ‘B’ no es cosa de los electricistas, fontaneros o albañiles. Está en todas las profesiones ‘liberales’. Y se lo permitimos al grueso de empresas del IBEX-35 En este apartado, sí somos gran potencia mundial. La décima, en concreto. Ojo, no muy lejos de Alemania, gran ejemplo para todos y creadora de esa suerte de neoesclavitud llamada ‘minijobs’

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