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Analizando todo el material que circula por las redes sobre el ‘escrache’ de los ¿alcaldes? del PP de Málaga a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, concluyo que todo está perdido, que me gustaría que Bud Spencer bajara al terreno y se pusiera a repartir ¿collejas? a diestra y siniestra. El recuento de memeces durante toda la jornada de ayer sobre todo en twitter es imposible. Ah, eso sí, nadie ha pegado al actor Fran Oblaré (al que con dinero público le pagamos másters carísimos en San Telmo) ni nadie ha zarandeado ningún coche.

Cuando unos ¿alcaldes? se encierran para protestar contra una institución, la Junta de Andalucía, en la que el impago y la nula ejecución presupuestaria son señas de identidad desde hace años, se está renunciando a los cauces institucionales. ¿Para qué diablos existen las iniciativas parlamentarias, las vías oficiales o la entrega de mensajes en mano sin aspavientos? Si los cauces de acción política se salen de los procedimientos institucionales de acción política, las instituciones pierden todo su sentido. Disolvámoslo todo pues y ahorremos. Y, ojo, que igual de lamentables fueron los encierros en la Diputación mantenidos hace unos meses por alcaldes socialistas.

Tiene toda la razón el PP en exigir a la Junta que pague. Pero, en un ejercicio de sumo cinismo, obvian que el Gobierno de Rajoy está estrangulando las economías autonómicas con un desplome general de las transferencias en tantos capítulos y políticas que sería imposible recoger ni tan siquiera un resumen aquí. Es, por tanto, todo un despropósito en espiral.

Lo peor no es ver a vicepresidentes y vicepresidentas de la Diputación ponerse delante del coche de la presidenta de la Junta como ultras de un equipo de fútbol ante el autobús rival. No. Lo peor es presenciar y seguir durante todo el puñetero día la subsiguiente reyerta en las redes sociales. Toda la tarde y parte de la noche de ayer, twitter fue un hervidero de mentiras sobre agresiones que no existieron; sobre zarandeos que tampoco; sobre alusiones a la extrema derecha y a los fusilamientos por parte de concejales socialistas en Málaga capital como Sergio Brenes o de IU como Eduardo Zorrilla; alusiones a la violencia de la Junta por todos y cada uno de los pelotas y palmeros del PP en Málaga. Asqueante. Vomitivo. Nauseabundo. Pornográfico. Dinero público malgastado en tuits estomagantes. Habría que crear el carné por puntos en las redes sociales. Habría que realizar un estudio neurológico para comprobar cuántos tuiteros-militantes se comportan como si sólo estuvieran dotados de las neuronas justas para la contención de esfínteres.

Cada partido lleva al extremo lo de protestar en un ámbito por lo que se le recrimina en otro. No puede ser que lo que es nazi en Madrid en Andalucía sea legítimo. Y lo que en Valencia está bien y es justo no puede ser considerado de otro modo en otro lugar.

Es cierto que el Gobierno asfixia a las autonomías. Pero también es cierto que éstas aprovechan para recortar sobre el recorte echándole la culpa a la administración de ámbito superior. Y, en Andalucía, no ejecutar los presupuestos es algo viejo y habitual. Pero también es ya habitual que cada semana el Consejo de Ministros siga derribando sin vacilación todo lo que se ha conseguido durante tanto tiempo.

Se ha perdido el pudor. Se ha perdido toda dignidad. Pero, ojo, que se ha perdido por parte de muchos políticos. Y los políticos, como siempre digo, salen de entre nosotros. Lo sucedido ayer sábado en Málaga es muy grave. Muchísimo.

CODA: El nombre del genial pintor no merece mezclarse en todo esto.

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