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Hace ya varias semanas que la actualidad informativa tiene en el sobrecoste de las obras de ampliación del Canal de Panamá uno de sus focos importantes. La constructora española Sacyr encabeza un consorcio internacional que ejecuta esta actuación estratégica a la que le quiere aplicar un encarecimiento de 1.200 millones por problemas geológicos no detectados en la fase de proyecto, según la versión de la compañía. Las autoridades panameñas se niegan a afrontar tal desviación y las constructoras amenazan con suspender los trabajos. Quizás los gobernantes de aquel país nos hayan dado una gran lección cortando en seco las aspiraciones presupuestarias de las empresas. Quizás. Al menos, en España, ni nos planteamos estas cuestiones. Se da por bueno que el sobrecoste es inherente a la obra pública y punto.

Siempre he seguido profesionalmente el desarrollo de las grandes obras públicas en la provincia de Málaga. No hay ni una sin sobrecoste. Y esto se debe a muchos y variados factores. Por no ser muy pesado, recordaré brevemente las fases de las grandes obras públicas:

–         Toma de la decisión de hacer una obra.

–         Anteproyecto o estudio informativo. Primera aproximación técnica a la obra.

–         Consultas, exposición pública y alegaciones.

–         Realización de todos los trabajos complementarios (impactos ambientales, arqueológicos, estudios complementarios, catas, sondeos…)

–         Redacción del proyecto definitivo y expropiaciones.

–         Salida a concurso de las obras (a veces proyecto y obra van en el mismo trámite).

–         Adjudicación de las obras (al contratista se le suele añadir una asistencia técnica y una consultoría para el ajuste de proyecto y obra).

–         Recepción por parte de la administración y puesta en servicio.

¿Cómo se pagan las obras? Esto es importante para abordar el asunto de los sobrecostes. Hay diferentes fórmulas. Quizás la más habitual sea la de las certificaciones. En este caso, la constructora va certificando que se van cumpliendo determinados hitos (normalmente porcentajes de ejecución) y se va cobrando. Otra fórmula era el famoso modelo alemán (pago a fin de obra). Y existen algunos más, pero no es el asunto al que pretendo aproximarme hoy.

Retomando el asunto de los sobrecostes podemos hablar de todas y cada una de las obras realizadas en la provincia de Málaga durante los últimos 10-15 años. Y en estos tres lustros, el capital público invertido supera los 7.000 millones de euros. Así que imaginen los millones de euros que suman los aumentos de precio sobre la marcha.

El caso más actual y llamativo es de las líneas 1 y 2 del Metro de Málaga. Las obras se adjudicaron por 403 millones de euros y se estima que, si se terminaran y se llegase a la Malagueta bajo tierra, alcanzarían más del doble, 870 millones. El caso es que no han pasado de la Avenida de Andalucía todavía y ya se llevan más de 600 millones de euros ejecutados. O sea, que el presupuesto ya ha aumentado un 48% sin ni siquiera haberse iniciado los trabajos en la Alameda.

Quizás la mayor obra que se ha desarrollado en la provincia haya sido la del AVE Córdoba-Málaga. En julio de 2001, cuando se colocó la primera traviesa, el coste estimado era de 1.712 millones de euros. Terminó costado 2.539.

El Plan Director del Aeropuerto de Málaga buscaba duplicar la capacidad operativa de estas instalaciones. Se presupuestó en 342,8 millones. Terminó costando 1.400. Claro que por el camino se produjo un cambio de Gobierno y una deconstrucción y redenominación del proyecto, que pasó a llamarse Plan Málaga.

Otra obra retrasada por mor de la crisis y que provisionalmente se acaba de poner en servicio es el Acceso Sur al Aeropuerto desde la Ronda Oeste. La broma empezó por 37 millones y ya se alcanzan los 49,9.

Y así podríamos seguir. Cientos y cientos de folios explicando como la nueva sede de la Diputación iba a costar 45 millones y acabaron facturándose 61 o cómo la nueva sede de la Gerencia de Urbanismo ha pasado de 20 a 34 o como hay 33 promociones de VPO recientes en Málaga capital que acumularon 13 millones de sobrecostes o ese gran edificio de Tabacalera vacío que de 29 millones pasó a 34.

Como colofón a las enumeraciones, podríamos hablar del sobrecoste por desidia. Hay proyectos que se anuncian y se venden y, en el mejor de los casos, tardan años y años en acometerse. Esto ocurrió con el soterramiento de la Travesía de San Pedro Alcántara, en Marbella. Aquí ocurrió que el proyecto era de 1998 y se metió en un cajón. Y, claro, las obras se iniciaron en 2009 y costaron un 100% más (67 millones de euros).

Evidentemente, no es mi intención la de indicar que todos los sobrecostes sean un engaño. No. Evidentemente, además de la subida de precios por la dilación de plazos, está claro que el suelo y el agua son a veces enemigos difíciles de combatir. Por mucho estudio geológico con el que se cuente, las complicaciones e imprevistos son muchísimos, especialmente en las obras que se realizan en el agua (las cimentaciones son complicadísimas como no podría ser de otra forma).

He tratado con muchos ingenieros y casi todos son tipos solventes y responsables, metódicos y rigurosos a más no poder. En muchos sobrecostes está nuestra propia seguridad (y eso que el riesgo cero exigiría de una inversión infinita). La duda que me asalta es, ni más ni menos, que la inquietud de saber que se nos habrán ido en este país miles de millones de euros en encarecimientos no justificados. Y no voy a hablar del Puerto de Málaga ni de la antigua Confederación Hidrográfica del Sur. Eso para otro día.

CODA: No hay mayor sobrecoste que el de una obra inútil o mal medida, así que prefiero una Hiperronda que haya costado 366 millones de euros y con cuatro carriles por sentido en mucha parte del trazado a una infraestructura que se quede pequeña nada más nacer. Y luego hay obras que en sí misma son un sobrecoste, como el Aeropuerto de Castellón.

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