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Cruz contrastada

El silencio de los cementerios se puede tocar. En San Miguel, alcanza a olerse. El trasiego de camiones y vehículos hacia unas naves industriales cercanas y los sonidos metálicos y de motores de las obras de rehabilitación parecen perder presión a medida que se acercan a las tapias. El aire se traga el chirriar de la escalinata metálica con ruedas que sirve a los operarios para acceder a los nichos más altos. Los del muro principal están ya sellados, encalados y vacíos. Apenas queda media docena de ellos en uso, como el dedicado a la primera concejal que hubo en el Ayuntamiento de Málaga, Teresa Aspiazu.

Una pequeña cruz, apenas sostenida por un mísero alambre, se quiebra sobre la techumbre de un panteón. Los troncos de los naranjos, con su característica franja blanca plaguicida, parecen admirar mi paso por los senderos. Los contrastes son enormes. Señoriales enterramientos neoclásicos con hierros podridos y cristales rotos se alternan con otros imponentes que parecen flotar del cielo; tumbas de lápida quebrada junto a parterres de flores nuevas; otras flores que alguien dejó el Día de Difuntos parecen desafiar al sol hoy ausente y mantienen su colorido junto a losetas apiladas en una esquina. Un anciano con una suerte de hábito marrón y raído parece ocuparse en nada y en todo al mismo tiempo. Se me acerca y me habla de esplendor.

Me siento en la bancada de mármorea adosada al perímetro del camposanto. Es un gran lugar para paladear el ritual íntimo de abrir la pequeña Moleskine que apenas se hace notar en el bolsillo de mi abrigo. Empiezo a perder la noción del tiempo. De eso se trata. Compongo ‘Ciudad del Cielo’ para LUX:

  Un escuadrón de nubes deja pasar haces de luz

            Un velo negro recubre mi nueva forma de mirar

            Un viejo me habló de historia y esplendor

 

            Un remolino de viento se ha llevado mi ansiedad

            No tengo miedo a los muertos

            A mis fantasmas, sí

 

            Háblame de amor aquí donde acabó

            Tanta leyenda y tanta luz

 

            Hoy mi corazón apunta al cielo

            Hoy esta ciudad cuelga del Cielo

Desconozco si pasan unos minutos o un par de horas. Sólo recuerdo el abrigo de la soledad y el frío junto a un ángel alirroto que guarda secretos de las cosas que ha visto y oído. Me levanto y lo escudriño todo durante un rato más, como queriendo hacer barrido visual de 360 grados. Enfilo la puerta y salgo al ruido. Llueve suave.

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