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El PSOE dice que el alcalde está cansado, que lleva ya cuarenta años en política. Todas las elecciones lo mismo. Año arriba, año abajo. La edad en esto ni cualifica ni desacredita. Pero el trazo argumental puede ser grueso o fino. Uno puede ser un viejo de joven. Y fatigarse leyendo la agenda del alcalde de Málaga. O viéndolo subir las escaleras del Ayuntamiento.

Arguye De la Torre que las críticas continuas a su edad se pueden volver en contra de quien las profiere. Lo dice alguien capaz de aburrir y tumbar a cualquiera. Funciona desde la hora en la que las aceras no se han puesto en jornadas que hacen diptongo. Cita a sus altos cargos y concejales en horarios leoninos. A más de un concejal lo ha reunido un domingo por la mañana para abordar asuntos para los que no queda hueco en la agenda por más se apelmace. Ni los que meten la almendra en los turrones, oiga.

En la tarde del día de Reyes, por ejemplo, tuvo reuniones en alcaldía. Claro, como es mayor, los Reyes no le trajeron juguetes. Eso debió de ser. A los mayores Sus Majestades sólo les traen bufandas y cosas así.

El alcalde es agotador. Sí, es capaz de mantener viva una polémica el tiempo que quiera. Insiste. Escribe cartas. Es pertinaz. ¿Quién es capaz de defender durante tantos años, con marcial disciplina, con secuencia metódica, que el tren de Cercanías llegue a la Plaza de la Marina? De la Torre, el mismo que responde en largos corrillos las mil y una preguntas (y es de los de respuesta larga) tras haber estado una hora dando una rueda de prensa. Pregunten. Pregunten a antiguos dirigentes de la Autoridad Portuaria, a consejeras de Obras Públicas. A ministros de su mismo partido. Pregunten a todo aquel que dentro del PP de Málaga le echó un pulso y lo perdió.

El alcalde solía nadar. Se hacía la travesía del Puerto, algo para lo que siempre he pensado que hacía falta más estómago que brazada. O participa públicamente en una clase de zumba, algo para lo que hace falta más abstracción que duende. Si la edad es un condicionante, que echen una carrera María Gámez y el alcalde. Una de velocidad y otra, de fondo. Y luego una etapita en bici. Y, para terminar, unos largos.

Si hay empate, siempre se puede desempatar con una competición de memoria. Sí. Ahí seguro que la edad es clave y que el alcalde no se sabe de memoria todo lo que aborda, ha abordado o es cuestión de otros.

La edad como argumento. Como si fuera una mala gestión en Tabacalera, una ciudad sucia o una deuda muy alta. Como cemento unificador de cada campaña. Como una letanía vacua. Una constante, un mantra de Marías, Susanas  o Pacos. Una memez.

Bien pudo escribir Monterroso: cuando se despertó, De la Torre todavía estaba allí, bloqueando en su agenda el domingo por la tarde para estar un rato con la familia.

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